Comercio Porteño vs Mall Chino

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Cuando todas las miradas están puestas en la llegada del Mall Barón, existe otro centro comercial que ha pasado desapercibido para la mayoría, pero no para los afectados: El Mall Chino.

A principio de este año, se instaló el llamado “Mall Paseo Chino” en Avenida Pedro Montt de Valparaíso que ha causado gran controversia entre el tradicional comercio porteño.

La Avenida Pedro Montt, desde que yo recuerde, en el contexto urbano ha sido el eje comercial más importante para Valparaíso, donde algunos locales llevan más de 30 años en el sector. Ahí se puede encontrar de todo, desde artesanía hasta ropa y zapatos, pero recientemente se han instalado varios negocios chinos en la zona, pero nada tan grande como el mall en cuestión.

Pero, ¿cómo afecta esto al comercio porteño? En mi opinión, existen pros y contras. Con una mirada positiva, pienso que de cierta manera el comercio tradicional es favorecido, puesto que este nuevo mall puede traer más público, por lo tanto nuevos compradores, donde más allá de los precios, el cliente porteño confía más en la trayectoria y en la buena atención. Esto puede marcar una gran diferencia con la competencia oriental y además un factor importante para que propicie el decaimiento o fortalecimiento del comercio tradicional.

Por el lado pesimista (viéndolo desde el punto de vista del comercio porteño) puede que el mall sea una amenaza a partir de los precios, ya que como es sabido, el comercio chino tiende a ser más barato, y sin importar mucho la calidad (todos los productos son importados de China), para el comprador “si es barato, mejor”, cosa que muchas veces para el comerciante porteño es difícil de igualar. En este sentido el comerciante oriental tiene una gran ventaja, puesto que de cierta manera conoce el idioma, conoce China, obviamente, y trabajan de manera asociativa, lo que sumando estos factores y con gran ventaja se traduce en la posibilidad de  traer productos aminorando costos, lo que les permite comprar y vender en márgenes menores. Cabe destacar que hace algunos años Valparaíso firmó alianzas de hermanamiento con algunas ciudades portuarias de China (Shangai, provincia de Liaoning y provincia de Guangdong) lo que da mayores facilidades para que ingresen plenamente a la competencia comercial nacional.

Con respecto a los precios, se producen dos efectos: El primero está relacionado con los más afectados negativamente, que sería el comercio que vende productos similares a los chinos, o productos “hecho en China”,  donde no veo que en un futuro prosperen, dada  la gran diferencia en precios, a menos que los intenten igualar, lo que ya es un riesgo, puesto que no disponen de las facilidades de importación como las que poseen comerciantes chinos radicados en Chile. Luego, a partir de esta situación y de la excesiva presencia de producto extranjero, están los efectos de la situación contraria, los que sí podrían prosperar a partir de los productos propios que vendan o de origen más bien nacional, mejorando, ya que el cliente probablemente privilegiaría estos pues conoce la calidad del producto. Ellos deberían ser favorecidos y a la vez mejorar en ventas y por lo tanto competir fuertemente con el producto chino.

Hablo de “mejorar” porque estos últimos años el comercio en general, pero sobre todo aquellos pequeños comerciantes, han visto resentido su universo de ventas dada la llegada de estas grandes tiendas y también el asociado aumento de la delincuencia. Entonces, hay que tomar este nuevo mall como una oportunidad y adaptarse al nuevo escenario.

Si bien es cierto, en este país los chinos son sinónimo de “comercio barato” y se va generando esa conciencia social de que lo de origen chino es de mala calidad, pero también se desmiente con la constante adquisición que el chileno hace de estos productos, y es a través de esto que se genera la inclusión en nuestro país, pero son culturalmente independientes, es decir, ellos mantienen sus tradiciones y rara vez adquieren las nuestras, lo que, en la población genera desapego y por lo tanto, reaccionamos y queda en nuestra conciencia social que  la atención prestada  no sea en la mayoría de los casos algo “amistoso y agradable”. Naturalmente por esto se genera una necesidad a partir de la abundancia de comercio especializado y personalizado, donde el vendedor se toma su tiempo para atenderte amablemente, buscando, muchas veces entregar la mejor calidad humana y productiva que está a su alcance. Esto, sin embargo, aun existe dentro del comercio porteño, pero no con el porcentaje de antaño, más bien quizás de una manera distinta, un poco más exprés se podría decir.

A pesar de que muchos lo tomen como una gran amenaza, y se haya manifestado dicha opinión a través de rayados en las afueras del establecimiento, cabe mencionar que económicamente hablando, para que se produzca dinamismo y el comercio surja no se debe mantener igual y  por lo tanto el comerciante no debe entrar en una burbuja donde se proteja y se mantenga en lo tradicional, sin dejar de lado la calidad de la atención que es lo que lo caracteriza, sino que se deben identificar las oportunidades que las nuevas “amenazas” les dan y así complementarse, y a la vez tomar una posición ventajosa para sobreponerse, revolcando todas las ventajas comparativas que poseen.

Los cambios no siempre son malos, en este caso puede ser una gran oportunidad para reactivar el comercio que ha decaído y darle aun más variedad al consumidor. Más que una amenaza creo que debería tomarse como un incentivo a los comerciantes porteños, dando razones para innovar y para potenciar lo que tanto los caracteriza, la calidez de su atención.

Pero, ¿cómo complementarse? Tal vez hasta este momento solo se haya generado una rivalidad entre ambos comercios y haya aumentado también el instinto competitivo, que no es malo, pero por ambas partes debe existir tolerancia y adaptación al nuevo escenario, entendiendo que ya existe un comprador estable y que llegarán nuevos, entonces principalmente la clave es reconocer, por cada integrante de la situación las ventajas comparativas que poseen y potenciarlas, llegando de esta manera, al universo de clientes adecuado.

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